Oxígeno

publicado a la‎(s)‎ 26 sept. 2013 11:03 por CEACA UAQ   [ actualizado el 26 sept. 2013 11:03 por Miguel Rea ]
El oxígeno es un elemento químico de número atómico 8 y representado por el símbolo O. Su nombre proviene de las raíces, oxys “ácido”, y  gonos, “productor”, porque en la época en que se le dio esta denominación se creía, incorrectamente, que todos los ácidos requerían oxígeno para su composición. En condiciones normales de presión y temperatura, dos átomos del elemento se enlazan para formar el dioxígeno, un gas diatómico incoloro, inodoro e insípido con fórmula O2. Esta sustancia comprende una importante parte de la atmósfera y resulta necesaria y esencial para la existencia de la vida terrestre. Debido a su reactividad química, el oxígeno no puede permanecer en la atmósfera terrestre como elemento libre y está involucrado en la fotosíntesis de los organismos que utilizan la energía solar para producir oxígeno elemental a partir del agua. El oxígeno elemental O2 empezó a acumularse en la atmósfera después de la aparición de estos organismos, aproximadamente hace 2500 millones de años. El oxígeno diatómico constituye el 20,8 % del volumen de la atmósfera terrestre. Dado que constituye la mayor parte de la masa del agua, también es el componente mayoritario de la masa de los seres vivos. Muchas de las moléculas más importantes que forman parte de los seres vivos, como las proteínas, los ácidos nucleícos, los carbohidratos y los lípidos, contienen oxígeno, así como los compuestos inorgánicos que forman los caparazones, dientes y huesos animales. El oxígeno elemental se produce por cianobacterias, algas y plantas, y todas las formas complejas de vida lo usan para su respiración celular. Otra forma alótropa del oxígeno es el trioxígeno, llamado comúnmente ozono con fórmula molecular O3, el cual es un alótropo muy reactivo para el tejido pulmonar. El ozono se produce en la atmósfera superior cuando el O2 se combina con el oxígeno atómico, el cual se obtiene por división del O2 por efecto de la radiación ultravioleta y este, es decir el ozono, ayuda a proteger la biosfera de la radiación ultravioleta a gran altitud funcionando como un escudo protector llamado “capa de ozono”. Sin embargo, cerca de la superficie terrestre, el ozono es un contaminante, el cual constituye un subproducto del “smog”. A altitudes aún mayores de la órbita terrestre, el oxígeno atómico tiene una presencia significativa y causa erosión en las naves espaciales.
En el cuerpo de un ser vivo el contenido de oxígeno es normalmente mayor en el sistema respiratorio y disminuye a lo largo de cualquier sistema arterial, los tejidos periféricos y el sistema venoso, respectivamente. La respiración tiene un papel muy importante en la vida, ya que desde que nacemos respiramos de manera automática sin darnos cuenta y sin controlarlo en absoluto, ya que es esencial para la vida, pero existen momentos en los que sí es necesario que controlemos la respiración al máximo. Uno de estos momentos es en los momentos en los que realizamos algún deporte, ya que la demanda de oxígeno por parte del organismo es mayor, y por ello es necesario que controlemos la respiración al máximo. El control de la respiración es una habilidad o destreza que deberían adquirir, desarrollar y entrenar todos los deportistas y las personas que desarrollen alguna actividad física superior a la normal. En todas las actividades, el requerimiento de oxígeno por parte del cuerpo es mayor, y sobre todo en las aeróbicas. No saber controlar la respiración es algo que puede perjudicarnos  a la hora de practicar deporte o realizando actividades físicas, ya que al no recibir el oxígeno necesario el cuerpo comenzará a fallar. Una adecuada respiración en un primer momento favorece el rendimiento deportivo en los entrenamientos y las competiciones y, en un segundo momento, tiene una utilidad muy grande para generar la tan ansiada y buscada relajación. Por ejemplo, la prueba del maratón se considera básicamente aeróbica, por lo que la presencia o no de oxígeno será un factor facilitador o limitador del ejercicio, ya que durante la carrera el sistema pulmonar se altera funcionalmente, lo que puede implicar limitaciones para el rendimiento. Fisiológicamente, un atleta que respira correctamente aumenta claramente su nivel de oxígeno en la sangre, facilitando de esta forma el traslado de este y, por ende, una mayor energía a los músculos y una alta eficiencia en el desecho de productos sobrantes. La clave para prevenir la fatiga tanto de nuestras piernas como de nuestros pulmones es respirar profundamente. Cuando se inhala una gran cantidad de aire, usamos más sacos de aire en nuestros pulmones, lo que nos permite admitir más oxígeno para alimentar nuestros músculos. Por tanto, cuando corremos deberíamos concentrarnos en respirar lenta y profundamente para fortalecer nuestro diafragma. Si lo hacemos de esta manera, notaremos que el esfuerzo que hacen nuestros pulmones en una carrera o entrenamiento disminuye, lo que se traduce en ser capaces de correr más distancia antes de que nos llegue el cansancio.
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